Luis Seoane. Murales

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Comisarios Silvia Longueira, Carmela Montero

La obra mural de Luis Seoane constituye una parte esencial de su producción, no sólo por la calidad artística y la belleza de las piezas realizadas por el artista en edificios públicos y particulares a lo largo de dos décadas, sino por el papel fundamental que la práctica del muralismo supuso en la evolución posterior de su pintura. Desconocidos por una parte importante del público a causa de su ubicación, la inmensa mayoría en la ciudad de Buenos Aires, los murales de Seoane cobran vida en esta muestra a través de una selección de 62 bocetos preparatorios que destacan por la singularidad de su formato y por su valor documental, puesto que en muchos de ellos figuran anotaciones del artista referentes al color, dimensiones y diseño de los proyectos; 75 fotografías de época que muestran al pintor trabajando en las obras y el acabado final de los murales, y 44 fotografías que documentan el estado actual de algunas de esas piezas.

A finales de los años cuarenta, Luis Seoane toma un camino de doble vía que le llevará, por un lado, a trabajar por la renovación del arte gallego y por su inclusión en las vanguardias europeas, sin perder sus raíces culturales e históricas; y por otro, a persistir en el concepto de la integración de las artes, presente en toda su trayectoria. Seoane considera que la práctica artística, desde sus orígenes hasta la Edad Media, constituye una simbiosis entre arquitectura, escultura, pintura y las demás artes que se rompe a partir del Renacimiento, dividiéndose en diferentes disciplinas hasta el siglo XX, momento en el que la búsqueda de la integración de las artes es recuperada por movimientos como la Bauhaus o De Stijl, y por artistas como Fernand Léger, El Lissitzky, Robert Delaunay o Joaquín Torres-García, entre otros, como vía para transformar el conjunto de la sociedad. El estudio por parte de Seoane de las experiencias de estos artistas, así como de los grandes muralistas mexicanos como Siqueiros o Rivera serán determinantes a la hora de acometer sus trabajos murales. La práctica del muralismo permitirá al artista gallego ampliar sus conocimientos y trasladarlos al resto de su producción, ya que la experimentación con nuevos materiales y la recuperación de otros en desuso, junto con la aplicación de diferentes soluciones a través del estudio del espacio y del color, se reflejarán en toda su obra, especialmente a partir de los años 60 con la aparición de la abstracción en su pintura.

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